Degustar el pescado fugu es tomar parte en un viejo y potencialmente mortófero rito japonés, y cualquier extranjero (o gaijin) que pase el examen gana inmediatamente la estima de los lugareños. Es tanto una forma de cohesión social como una experiencia culinaria.
Aunque es una exquisitez muy apreciada, el fugu es complicado de pescar y aún mÁs difócil de digerir. Les toma a la mayoróa de los chefs unos diez años el perfeccionar el arte de filetear el fugu a fin de no reventar los sacos de veneno pues si esto sucede, todo el pescado se vuelve mortal. Pero no te preocupes; las muertes son escasas, y uno se divierte de lo lindo al estar degustando el pescado y verse observado por un grupo de hipnotizados japoneses.
Y mientras el salón contiene la respiración, lleva el bocado a tus labios (es tan grande como un pulgar), haz una pausa dramÁtica y luego saborea esa entumecedora sensación en tu lengua. Ya tienes condición de héroe, y podróas sobrevivir para contar la historia.
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