El hotel Gramercy Park es algo así como una leyenda. Popular lo mismo entre las celebridades que entre el común de los civiles por su ligeramente desgarbado encanto, era una genuina institución neoyorkina, y durante su pertenencia a la familia Weissberg, había llegado a ser el elegido por generaciones de artistas, escritores y músicos. Los Kennedy se hospedaban allí con frecuencia, Babe Ruth era un cliente fijo del bar y Humphrey Bogart se casó en su lobby. Sin embargo, después del suicidio en el sitio de un miembro del clan Weissberg, el cambio se hizo inevitable y el hotel ha recibido por parte de Ian Schager un vuelco a siglo XXI del que se ha hablado mucho. Los resultados son sorprendente, con el dramático y más bien gótico rediseño que aceptando el pasado bohemio del hotel no compromete ni el estilo ni la comodidad contemporáneos. Se han ido los hornillos de calefacción y los un poco raídos tapetes de las habitaciones, reemplazados por aditamentos de lujo de la más alta calidad. El atrevido uso del color -muchos rojos profundos y verdes con salpicaduras del azul de una caja Tiffany- y las cortinas de terciopelo generoso magnifican la opulenta atmósfera. El Rose Bar a media luz y con mobiliario diseñado por Julian Schnabel es un destino en sí mismo. Éste es un hotel que no olvidarás muy pronto.
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