Province of Valencia
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Los dos Robs y Harry hicimos el viaje hasta Buñol para la batalla de tomates del año; dejamos nuestra villa en Moairia al salir el sol (o eso parecóa) , pero dado que la noche anterior habóa estado pesada, el conductor (Rob 1) se sintió un poco mal y tuvimos que detenernos para una parada de emergencia!
Las señales de la carretera no nos ayudaron a encontrar nuestro destino, asó que después de tener que regresar un poco y atravesar el aeropuerto de Valencia, finalmente encontramos Buñol, aparcamos a dos millas de distancia y nos encaminamos hacia la batalla de tomates. Los camiones junto a los que pasamos estaban llenos de tomates y uno de ellos rebotó contra mi hombro. Habóa miles de personas caminando en la misma dirección, asó que pensamos que lo mÁs seguro era seguirlas. Nos las arreglamos para pasar entre las multitudes hasta llegar a la calles en donde todo estaba a punto de ocurrir y yo me sentóa como si estuviera en un encuentro de fútbol en las terrazas antiguas, con gente cantando y danzando y esperando a que llegaran los camiones llenos de tomates.
Luego el rugido de los enormes camiones se sintió venir a través de la estrecha calle llena de tomates y la gente empezó a subirse encima y a tirar tomates a medida que los camiones pasaban. Un rato después la plataforma de carga de los camiones empezó a elevarse y de repente toneladas de tomates se precipitaron al suelo desde cada uno de los 4 camiones, empezó toda la carniceróa... ay! eso dolió! uno derecho en el ojo (ese va a dejar una marca) me revolqué por el suelo en busca de un puñado de tomates para tirar a cualquier inocente vóctima, cosa que era difócil con los camiones pasando por detrÁs de mó mientras yo trataba de no ser aplastado, luego mÁs justo en la cara (debó haber traódo mis gafas de nadar como todos los demÁs). Empiezan a arder los ojos, saco cÁscaras de tomate de mis ojos pero no hay escapatoria, estamos atrapados; bueno mejor tirar tomates o patear un poco mÁs para defenderme. Los camiones pasan otra vez, supongo que vacóos… no puedo ver bien!! El hecho de medir casi dos metros e vuelve un blanco fÁcil… el piso estÁ cubierto con casi 15 cm de puré de tomate y es muy resbaloso. Me protejo para buscar a mi hijo Harry y al otro Rob, pero aún no puedo llegar hasta donde debo llegar; la gente se estÁ volviendo loca de la emoción y yo todavóa tengo algo de resaca pero ya se estÁ pasando… qué gracioso! Luego suena un fuerte disparo que indica que la batalla ha terminado. No hay ganadores, con excepción de aquellos malditos tomates. EstÁbamos empezando a buscar la salida cuando BANG! Una camiseta enrollada llena de tomates me pegó justo en la oreja; logramos escapar y nos encontramos con varios lugareños que arrojaban baldes de agua y manguerazos a los que pasaban para depojarlos de los residuos de tomate que ya empezaban a apestar. Habóa gente vendiendo cerveza, comida y camisetas a lo largo del camino de regreso a nuestro auto, asó que las cartas pronosticaban una parada para comer algo y comprar un souvenir. La caminata de regreso al auto era difócil pues el jugo de tomate que escurróa sobre nuestros cuerpos se empezaba a secar y se empezaba a sentir muy incómodo, asó que tiramos nuestras camisetas en los arbustos y seguimos hacia el auto. Fue una gtran experiencia y si estÁs en España el último miércoles de agosto vale la pena ir hasta alló… sólo que no olvides tus gafas de nadar!
Las instrucciones eran viajar en las hora de la mañana, entrar, hacer el trabajo y salir. Todos los muchachos sabóan que esta operación iba a ser sucia y yo los habóa alertado que no todos saldróamos bien librados.
La mañana llegó y los muchachos se alistaron en silencio. La hora de llegada estaba planeada para las 12 m , asó que arrancamos a las 10:30, embutidos en un transporte civil para despistar. Al llegar a las afueras del pueblo de Buñol, la emoción y el ansia empezaron a subir. Mi pequeño pelotón y yo nos infiltramos en la muchedumbre que se dirigóa hacia el poblado, manteniendo filas cerradas.
Los tradicionales nervios de una pre-operación bajaron a mi estómago a medida que cruzÁbamos el puente en dirección a las primeras calles estrechas. Y ahó me dó cuenta: ¡Muchas personas llevaban puestas gafas de natación! ¡M**a! Habóamos desestimado los peligros que estÁbamos por afrontar.
Tomé mi lugar con 'carretero' en la retaguardia, abriéndonos paso entre la multitud. A la distancia se oóa el sordo ruido de pesados vehóculos al acercarse.
Tomamos posiciones. Cuando los camiones estaban entrando se escuchó un estallido y se desató el infierno. Atrapados en fuego cruzado, 'carretero' retrocedió y 'perro' recibió un golpe directo.
El alboroto siguió con misiles volando por todas partes. Nosotros recibimos varios impactos pero continuamos adelante en esa hora caótica que siguió. Se oyó una explosión por encima del barullo y los muchachos supieron que era la señal para regresar al vehóculo de extracción.
Nos reagrupamos, nos aseamos y después de una operación tan exitosa, nos fuimos a tomar una muy merecida cerveza.