Nha Trang tiene fama por su espectacular vida marina. Y lo puedes ver tú mismo al irte de snorkeling o de buceo o , alternativamente, al voltearte en tu silla asoleadora y detener a alguno de los vendedores de langosta que van de un lado al otro de la playa. Estos restaurantes ambulantes llevan todo lo que necesitas para una comida perfecta: un cubo con langostas vivas y una hornilla de carbón. La vista es gratis y con los precios tan bajos de lo que te ofrecen, no tienes excusa para echar todo por la borda y sentarte en la arena al lado de tus amigos comelones y ordenar. Después de una corta y educada discusión acerca del precio, tu langosta estará perfectamente cocinada frente a tí antes de ser bañada en una mezcla tipicamente vietnamita de agua de mar, jugo de limón y chiles picados. Y si tienes suerte es posible que consigas un plato de papel y una servilleta. Esto no es alta cocina, pero ciertamente es muy gourmet.
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