Si hubiera una competencia por el sitio más hermoso aunque relativamente desconocido de Europa, el lago Bohinj la ganaría con las manos atadas. Anidado a los pies de los Alpes, cerca de las fronteras con Italia y Austria, Bohinj es una esplendorosa explosión de verdes y azules, prístino y a la par con los más fabulosos escenarios de Suiza. Y, ¿qué son esos puntitos rojos que se deslizan serenemente de la montaña? Son los parapentistas. El paisaje es ideal para hacerlo y en los meses de verano, un picnic en las orillas del lago no está completo sin un hombre amarrado al techillo de seda roja que aterriza a tu lado. Varias organizaciones ofrecen saltos en tándem y clases al cuidado de expertos instructores; también hay cursos más largos para aquellos que se atreven a volar solos. Muchos de los hospedajes locales te podrán dirigir hacia un tutor confiable. Bohinj es hermoso desde cualquier ángulo, pero lo es aún más con el piso del valle flotando hacia arriba para encontrarse con tus pies.
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